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  • Iñigo García Ureta

EL DIABLO Y LOS DETALLES


Cuando el 24 de septiembre de 2019 Joaquín Rodríguez presentó Primitivos de una nueva era en la sede madrileña de la UCJC, lo primero que hizo fue explicarnos que había pasado mucho tiempo desde la publicación del libro y por tanto podía no acordarse bien de lo que había escrito, o incluso —vino a sugerir— podría haber cambiado de parecer. 

Ése era nuestro anfitrión. 


Quien le conoce, poco o mucho, sabe que este tipo de comentario (que en boca de cualquier otro sonaría a «Si te he visto no me acuerdo») no es una excusa. Joaquín [como antiguo alumno suyo me permito usar su nombre de pila] no tiene jamás la menor intención de escurrir el bulto. Su actitud es más bien un tanteo perpetuo por conservar cierto extrañamiento, por rehuir la familiaridad, por esquivar la pereza de caer en lugares comunes. Joaquín es de esas personas que donde otro ve dos coches franceses te explica que mientras, al acabar la Segunda Guerra Mundial, Louis Renault fue acusado de colaboracionista y encerrado en prisión —donde murió mientras esperaba juicio— su competidora Citroën había creado un defecto en la varilla del aceite de los camiones que debía fabricar para los nazis que supuso unos de los más ingeniosos actos de sabotaje de la contienda. Donde otros ven objetos, él ve una historia. Dónde otros ven una historia, él ve una forma de razonar. Y donde otros ven una forma de razonar, él ve un modo de corregirla. 

A mi juicio, personifica ese dicho «El diablo está en los detalles», con que los estadounidenses explican cómo la clave suele estar en la letra pequeña y sólo una mirada hecha con detenimiento sabe brindarnos una lectura fidedigna y aun así mejorable de lo que está pasando. No es, por tanto, extraño que Joaquín lleve décadas dedicándose a la docencia, entendida tanto en el sentido de divulgación como de contagio: divulgación de los datos; contagio del modo de cribarlos. 

Como alumno, aún recuerdo su primera lección en el máster de edición que dirigía para la Universidad de Salamanca en colaboración con el grupo Santillana. Fue breve y al grano. «Publicar», nos dijo, «significa hacer público». Y una crisis sistémica, un paradigma digital y tres lustros más tarde sigo volviendo a esa lección para recordarme quién soy como editor y a qué me dedico: a hacer público, tanto por divulgación (eligiendo qué se difunde) como por contagio (inoculando curiosidad en individuos ahora afines). 

Primitivos de una nueva era aparece en Tusquets editores, un sello del grupo Planeta que, como todo y todos en el mundo del libro, ha vivido distintas y sucesivas vidas. Lo hace, además, como primer título de una serie llamada «Condición humana», donde estará acompañado por autores como Emil Cioran o Ida Vitale. El libro tiene un subtítulo revelador: «Cómo nos hemos convertido en Homo digitalis». Y a título personal ese «cómo» es su mayor trampa. Afirmar que el libro —que sí, relata cómo hemos pasado de comunicarnos con una primer palabra pronunciada hace 500.000 años a enfrentarnos al dilema de qué papel deben tener los dispositivos digitales en nuestras aulas— acierta a explicar cómo nos hemos convertido en Homo digitalis es como contar la historia de las construcciones de obra civil en España, desde las vías romanas al ancho español de vía, pasando por la línea de alta velocidad o la M40 y pretender que hacerlo nos brindará la mejor ruta para llegar de Bilbao a Almería. Y si creen que exagero déjenme copiarles la frase que cierra el libro: 

Somos todavía primitivos de una nueva era que no acertamos a comprender y no cabe hacer otra cosa que problematizar cualquier supuesta evidencia para tener la mínima oportunidad de conducirnos racionalmente, para superar conscientemente las incertidumbres de nuestra evolución hacia una nueva condición, la de Homo digitalis

O lo que es lo mismo, si buscas el cómo, átate los machos. 


Esto, por supuesto, no es una crítica negativa de nada, porque a lo largo de sus 471 páginas de texto —más otras 60 de apéndices— Primitivos de una nueva era logra «problematizar» el camino como nadie y con elocuencia: ya hable de ese maravilloso ágrafo llamado Sócrates o de Ramón Llull, ya cite a Steiner o a su admirado McLuhan (Joaquín sabe que si escribe es precisamente porque «la tecnología es una extensión de nuestros propios cuerpos» y aquí la cursiva es mía) el libro divulga por contagio, aunque exija una lectura atenta (la extensión de algunas citas y su carácter académico exigen tiempo y ganas). 

He abierto estas líneas con una semblanza del autor porque creo a pies juntillas que es ésa su mayor virtud: el hecho de que esta obra divulgativa, que cata de distintos autores para brindar otro intento de aproximación esté escrita por Joaquín. En una nueva era en la que nuestra única certeza como editores y lectores es que publicar es «hacer público», Primitivos de una nueva era nos ofrece una conversación extensa y en cierto modo íntima con el interlocutor perfecto, que no es otro que alguien dispuesto a cambiar de parecer si es que hay un modo de corregirlo. 

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