Buscar
  • Iñigo García Ureta

«El más mediocre de los hombres se siente un semidiós al compararse con mujeres.»

Este febrero pasado leí en The Paris Review un texto de Adrienne Miller, antigua editora de ficción de la revista Esquire. El texto se titula «Lo que me decían los hombres» y forma parte de su libro In the Land of Men.



En él, Miller enumera algunos de los comentarios que recibió durante su etapa en la revista. Cosas como éstas:

Un hombre me dijo: «Siempre me he preguntado por qué las chicas no son mejores escritoras.»

Un hombre me reveló que «todo el mundo se preguntaba» con quién me habría acostado yo para conseguir mi empleo.

En otro encuentro de índole profesional en un bar, después de cogerme la mano y ponerla sobre su entrepierna, un hombre quiso saber si algo de lo que había hecho era la causa de que yo pareciera estar a punto de echarme a llorar.

Busqué el contacto de su agente [Joe Veltre, JVeltre@gersh.com], le expliqué qué es Texturas y le pedí permiso para traducir y publicar el texto. Nos lo concedieron.

Hoy me ha llegado el nuevo número de Texturas (¡42 ya!) y como siempre hago he revisado mi traducción para sacarle defectos (ya, ya sé). Y además de mi habitual torpeza lo que esta vez me ha llamado la atención es una cita de Simone de Beauvoir que reza así: «El más mediocre de los hombres se siente un semidiós al compararse con mujeres». En los pequeños detalles, en el modo en que dice «editor» en masculino pero «agente literaria» en femenino —como cuando se piensa en «médico» y en «enfermera»—, en el modo en que un anciano con Nobel como Vargas Llosa parece «más escritor» que una anciana con Nobel como Nadine Gordimer uno se reconoce en esa cita a su pesar, igual que te reconoces en una foto donde te ves gordo y mal vestido.

Rodeados de libros, algunos nos creemos inmunizados contra los males que azotan el mundo, pero no todo se nos pega por ósmosis de lo que leemos. Y conste que no lo comento para entonar ningún mea culpa, sino porque llevo muchos días argumentando ante gente muy diversa la diferencia entre «cambiar» y «crecer».

Uno cambia de muy diversas formas: cuando engorda, por ejemplo. Cuando se queda calvo. Cuando descubre que ha olvidado el número de teléfono de la casa donde pasó la infancia. El cambio en sí no conlleva una necesaria mejora: si no lo impido, en dos semanas mis uñas pasarán a curvarse como las de una bruja de Disney. Eso sería un cambio. Sin embargo, crecer se asemeja mucho a limpiar el interior de un horno: toca arrodillarse, meter la cabeza y las manos, mancharse. Para colmo, exige dedicación periódica para evitar que aquello apeste y se llene de humo una vez más.

El mundo cambia cuando cualquier Adrienne Miller confiesa cosas que antes no se verbalizaban, pero sólo crece cuando se lo agradecemos.

He incluido aposta el email del agente de Miller. El motivo es que al menos hasta que yo sé los derechos en lengua española para In the Land of Men están disponibles, y qué menos que devolver el favor. Algunas reseñas del libro, como ésta de The Guardian o esta otra del New Statesman, abundan en la amistad entre la autora y David Foster Wallace. Tal vez alguna editora quiera hablar con este agente literario y pedirle una copia.



(Por cierto, el número 42 de Texturas tiene textos de Peter Mayer, Angus Phillips & Michael Bhaskar, Miha Kovač & Adriaan van der Weel, Trini Vergara, Anamik Saha & Sandra van Lente, Ana Martínez Rus, José Luis de Diego, Constantino Bértolo, Santiago Hernández Zarauz y es la bomba. No sé a qué esperais)

38 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo