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  • Iñigo García Ureta

MERCENARIOS

En La vida secreta, Andrew O'Hagan cuenta la historia de cómo, cuándo y de qué manera acabó no siendo el "negro" [ghost writer] de Julian Assange. Éste, Assange, acaba retratado como alguien perdido, enamorado de su propio personaje y tan poco apto para dar lecciones como para asumir su pasado. (Aquellos que como yo amen el acento escocés y quieran oírselo contar de propia voz pueden hacerlo aquí).



Hace un par de meses salió este artículo en El Confidencial sobre un proyecto malogrado en el que me vi inmerso. En él confieso cómo no veo el menor reparo en ayudar a personas ajenas al mundo del libro a ofrecer su voz al mundo. Ya como co-autor, ya en la sombra, oficiar de "mercenario" es algo que me atrae, que sé hacer y que no veo jamás como una impostura: por mucho que algunos lo vean como una falsificación yo lo entiendo como hacer de músico de sesión: practicar un profesión que no requiere protagonismo, estar ahí para lograr que la voz de otros sea escuchada como merece.

Al hilo del artículo arriba citado, cabe comentar que la industria del libro no difiere tanto de otros tipos de negocio: con frecuencia cada éxito esconde docenas de intentos previos que rara vez llegan a buen puerto. Así es el oficio y en ello está el orgullo, y la obligación de perseverar.

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